- En El resplandor de la hoguera, su último libro, usted afirma que en el pasado fue un lector omnívoro, pero que hoy es muy selectivo. ¿Qué títulos encabezan su lista de libros sabios?

- Quevedo, por toda su poética y por la Vida del buscón Don Pablos; Miguel de Cervantes, sólo por Don Quijote; el Dr. Johnson, por Vida de Poetas; Heródoto, por sus Nueve libros de historia; la Ballena Blanca, de Melville.

- Al final de su libro, usted realiza una advertencia acerca de los peligros que representa seguir el catecismo de los "economistas" del sistema. ¿Cómo analiza la crisis que hoy vive el mundo?

- Aún no han cesado los desastres de la hecatombe provocada por el catecismo de los economistas. Pero es evidente que no aprenderemos la lección, ya que los Estados más encumbrados han resuelto indemnizar a quienes han provocado el incendio.

- En Tierras de Frontera, usted caracteriza a los escritores de provincia como "narradores furtivos, aguafiestas perturbadores de la larga y embotante siesta que nos asfixia". ¿Cuán difícil es escribir en el interior y cuánto incide en la escritura de un autor su marco geográfico?

- Creo que cuando usted dice "escribir" se refiere a publicar. Para lo primero basta con tener en claro lo que se quiere decir y buscar pacientemente la mejor y más decente forma de decirlo. Lo segundo es más complicado, puesto que está de por medio la "industria cultural", centralizada en Buenos Aires en lo que a nuestro país se refiere. La industria cultural -en el caso de la edición de libros- tiene los mismos principios que los que se usan para hacer ropa interior o chorizos. En cuanto al marco geográfico, a mi juicio, es de mucha importancia respetarlo, nos guste o no, bajo el riesgo de producir una obra para turistas extranjeros, que nadie sabe qué es eso.

- ¿Qué autores encabezarían su antología personal de autores del Noroeste?

- Fundamentalmente los poetas Raúl Galán, Jorge Calvetti, Santiago Sylvester, Aráoz Anzoátegui. Pero me olvido involuntariamente de otros que me mandarán al cadalso.

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FRAGMENTO DE FUEGO EN CASABINDO

Por Héctor Tizón

"Aquí la tierra es dura y estéril; el cielo está más cerca que en ninguna otra parte y es azul y vacío. No llueve, pero cuando ruge su voz es aterradora, implacable, colérica. Sobre esta tierra, donde es penoso respirar, la gente depende de muchos dioses. Ya no hay aquí hombres extraordinarios y seguramente no los habrá jamás. Ahora uno se parece a otro como dos hojas de un mismo árbol y el paisaje es igual al hombre. Todo se confunde y va muriendo. Los que escucharon hablar a los más viejos dicen que no siempre reinaron la oscuridad y la pobreza, que hubo aquí grandes señores, hombres sabios que hablaban con elocuencia, mujeres que parían hijos de ánimo esforzado, orfebres de la madera, de la arcilla y de los metales de paz y guerra, músicos, pastores de grandes majadas y sacerdotes que sabían conjurar los excesos divinos, gente que edificaba sus casas con piedra. Pero eso ocurrió en otros tiempos, antes de que el Diablo, al arribo de los invasores, desguarneciera la puna arreando a este pueblo hacia los valles y llanuras bajas, donde crece el bosque".


FRAGMENTO DE LUZ DE LAS CRUELES PROVINCIAS

Por Héctor Tizón

"Giovanni recordaría durante mucho tiempo que en su aldea sólo unas pocas casas estaban habitadas y sus moradores eran muy viejos o muy tontos, cuyo destino era morir en la indigencia con orgullo o abandonar lo único que habían conocido. 

Las eras estaban yermas de tanto dar a lo largo de siglos y no valían nada, empequeñecidas, además, por las sucesivas divisiones. Ya no había lugar para una nueva familia. Pero, a pesar de todo, en sus bodas habían alcanzados un capón, cuatro gallinas y un pavo para que comiese hasta el hartazgo toda la gente decente, aparte de los restos sobre los que se abalanzaron los mirones que estaban al acecho al caer la noche y cuando casi todos se habían ido y estaban muy borrachos los que quedaban."